viernes, 13 de febrero de 2009

Acercamiento al concepto libertad

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.

John Locke


El ser humano busca la felicidad. La obviedad de esta frase a veces nos hace caer en la dejadez que supone el no tenerla en cuenta. ¿De verdad buscas la felicidad?. Esta es una pregunta clave en la vida diaria, pero hay otra todavía más importante: ¿El camino por el que dirijo mi vida es el que me lleva a ella? ó ¿Cómo puedo encontrarla?. Éste término tan anhelado como abstracto es el que hay que tener en cuenta en cualquier toma de decisiones (¿Ésta o aquélla decisión va a conducirme a la felicidad?).

Hay muchos teóricos que han caído en las garras de definir la felicidad como un estado de ánimo transitorio, algo así como una emoción que se tiene con la misma facilidad con la que se va, y no dejan de tener razón si asumimos la concepción de éste término en la experiencia de muchas personas, pero es bastante evidente, y esto es una conclusión mía, que una persona, generalmente, no dirige su vida hacia “estados transitorios” de felicidad por la simple razón por la que hay gente que cree en la Felicidad1, es decir, un modo de vida, una filosofía, un estado permanente de conciencia, llámese como se quiera, pero esa debe ser la meta de todo ser humano.

Y no podemos hablar de Felicidad sin a la vez aludir a otro término: la libertad, con el que tiene mucha relación, tanta que no hay Felicidad sin la libertad de escogerla, y eso nos da respuesta al gran dilema de muchos de por qué Dios no nos dio todo hecho o por qué no se manifiesta y así creemos todo, todo esto es porque Dios, a grandes rasgos, quiere la Felicidad del hombre, pero una Felicidad plena, es decir, sobrenatural, aunque este tema lo abordaremos más adelante.

Libertad se define como “facultad que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”, según el diccionario de la RAE en su vigésimo segunda edición. Ésta definición, aunque integradora, es demasiado simple para el tema que aquí nos incumbe. Aunque suene en principio utópico, libertad es la capacidad del hombre para escoger el bien, es decir, un hombre es tanto más libre cuanto más bien hace o más guía su vida por el camino del bien, o sea, de Dios. Sólo así el ser humano será capaz de obrar de la mejor manera para llegar a su mayor aspiración: la Felicidad que, al fin y al cabo, es la meta de toda libertad, entendida en su sentido pleno.

¿Quiere esto decir que no se puede ser feliz sin seguir el camino de Dios?. No, con reservas. Me explico mejor; claro que se puede llegar a ser feliz, e incluso casi Feliz, siguiendo la distinción que aquí hemos hecho, sin tener a Dios presente en la vida, pero alguien que sí lo tenga será potencialmente más feliz2, esto quiere decir que, la “persona con Dios” tiene capacidad para una felicidad plena3 (Felicidad), sin límites (estoy hablando alguien que realmente busque a Dios, no de aquellos idólatras que se hacen pasar por beatos), pase lo que pase va a seguir siendo Feliz, pues si tiene presente a un Dios inmortal y también posee la creencia de que no hay nada mundano que haga que un día él y los suyos vayan a estar junto a Él en un futuro más o menos lejano, su vida tiene un sentido pleno, que depende totalmente de él y sobre la que nada externo puede actuar. Mientras tanto, el “hombre sin Dios” no tiene nada sobrenatural a lo que aferrarse, por lo que no le queda otro remedio que buscar el sentido de su vida en algo mundano, en algo limitado por el espacio-tiempo y, por tanto, su felicidad será también limitada. Por ejemplo, la felicidad de un padre puede estar basada únicamente en la de su mujer y sus hijos o en su propio trabajo. Por lo tanto, el sentido de su vida se verá quebrado en el momento que su trabajo falle o su familia se vea afectada por una enfermedad grave o cualquier tipo de tragedia. A partir de ese momento, este padre habrá perdido las ganas de vivir que solo se restaurarán si encuentra un sustitutivo (entiéndase el término, es de sobra sabido que nadie puede sustituir a su mujer y a sus hijos pero aquí nos referimos a un sustitutivo afectivo, es decir, algo que de nuevo vuelva a dar sentido a la vida del padre), como puede ser una nueva mujer, un nuevo trabajo, una nueva familia o en algún caso, estrategias patológicas para “mantener con vida” a la persona perdida, pero de todas formas sus lazos con el mundo dependen exclusivamente de algo del mundo, y en el momento que eso falle, y es claro que algún día va a fallar debido al carácter limitado de todo lo mundano, su vida perderá sentido y eso le llevará irremediablemente a la infelicidad. En cambio, para alguien con “visión sobrenatural”, su vida tiene un sentido último inquebrantable, que es Dios y la vida eterna, algo que, lejos de librarle del sufrimiento al que todos los hombres estamos inevitablemente expuestos debido a los citados límites espaciotemporales, hace que se conserve la Felicidad en su sentido pleno ante cualquier dificultad de la vida: “ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm. 8, 39).

Una vez leído esto es fácil pensar en la ingenuidad de las personas que creen en que hay un Dios o que hay vida después de la muerte, siendo que, esa ingenuidad les lleva a la “felicidad del ignorante”, indiscutible desde el punto de vista psicológico, y también es fácil caer en la idea de que es mejor “vivir en la realidad” antes que en una “mentira” por mucho que conforte. Éste razonamiento es del todo comprensible y respetable y no deja de tener lógica desde algún punto de vista, aunque yo invito a todos los que hayan caído en él que hagan un buen uso de su raciocinio y se dejen llevar por la curiosidad (que embaucaría a toda persona con un poco de inquietud por la verdad) por conocer como una “mentira” ha permanecido durante tanto tiempo y cómo ha habido numerosos “testigos de la mentira” que han dado su vida por ella. A mí, sinceramente, me cuesta creer desde un punto racional en esto último, por ello invito a seguir leyendo no solo este escrito, sino un gran y conocido Best Seller llamado el Nuevo Testamento.

Una vez hecho este inciso, seguimos con el análisis del término libertad. Como ya hemos dicho, libertad es la “capacidad del hombre de escoger el bien”, pero muchos pensaréis, lógicamente: ¿y que es el bien?, pues para muchas personas hacer el bien es, por ejemplo, apoyar el aborto de una madre mientras que para muchas otras hacer el bien es hacer lo contrario. Entonces, ¿qué es el bien?. Desde el punto de vista que aquí se expone, no se puede dar una definición normativa de éste término si no es con la mencionada “visión sobrenatural”, sobre la que hacer el bien se definiría como hacer la voluntad de Dios, una voluntad de Dios vista desde el Dios presente en Cristo, en la que cada persona es un ser amado por Dios hasta el extremo y mediante la cual no podemos “llegar a Dios”4. Sí, la persona no puede llegar a Dios si no es mediante la propia persona, es decir, mediante los demás, pues Él se hizo hombre para darse a los hombres, para morir por los hombres, y esa es la única manera de hacer el bien, y aquí introducimos otro término no menos conocido como es el amor, o Amor cuando se trata sobrenaturalmente. Dios quiso que fuéramos libres para que, siguiendo el camino del Amor, hiciéramos el bien y lográramos una plena Felicidad, éste es el resumen de éstas primeras líneas que llevamos, de las que, su pleno razonamiento hace que pensemos que Dios hizo todo por Amor, Él quiere que lleguemos libremente al camino del Amor para volver a Él (el Amor regresa al Amor), pero no solamente eso, sino que nos envió a su propio hijo, vino Él mismo, en su esencia ilimitada, y se hizo de la nuestra, limitada, y aún así nos amó hasta el extremo, y nos acompañó con el sufrimiento en su Pasión para que nosotros volviéramos al Amor, un Amor que no puede ser como es si no es libre, al igual que no puede existir plenamente entre un hombre y una mujer forzados a contraer matrimonio, sino que un hombre debe elegir libremente a su mujer y viceversa para que entre ellos surja como fruto el Amor el día en que declaren ante Dios y ante testigos que él y ella han venido al mundo por voluntad de Dios y que ésa misma voluntad ha sido la que les ha hecho elegir libremente la persona con la que hacerlo pleno.